© 2018. Fabiana Larrea.

Una cuestión de amor 

 

Hacer. Tomar un pequeño ovillo de material y empezar a tejer, sin rumbo, en silencio, como un acto introspectivo que llama a la meditación, alerta a esa “voz” que establece cuándo hay algo gestándose que merece ser tomado muy en serio, cuándo una idea emergente se transforma en algo que no se puede dejar de pensar y lleva a cuestionar lo que se ve, ubicarlo mentalmente en un espacio y tomarlo por completo; pasar del plano mental al campo de la acción. Quizás sea esta una de las formas –la mía al menos- de abordar la lectura de la obra de Fabiana Larrea. Y el acto de dibujar con los hilos -como cualquier dibujante que traza líneas en el papel- muchas veces es acompañado por la escritura, usando la palabra como disparador: frente a la trama, las palabras se vuelven materia y forma y se embarcan en un juego dialéctico donde el hacer lleva a la reflexión para luego volver a la materialidad y reelaborarla hasta dar con aquello que la obra pide para manifestarse. Eso que pide, nadie lo sabe ni puede saberlo; en el mejor de los casos sucede y sorprende a aquel artista que está presto, activo, incómodo, receptivo, haciendo con la mano y con la cabeza.

 

2008 se convierte en un año bisagra para la obra de Fabiana Larrea quien reconoce a partir de entonces dos etapas que ella misma define como "una primera etapa intuitiva y experimental y una segunda reflexiva".  Sin darse mucha cuenta Fabiana enuncia así la reconciliación entre los designios de la razón, el pragmatismo de lo empírico y el plano espiritual, el cual, como una suerte de tercera dimensión, intentará nutrirse de los anteriores. El abanico de soportes y materiales se vuelve para entonces más claro en tanto más cristalizada está la obra su en cabeza: punta seca, dibujos y grabados iluminados son el corpus de la época.  Sin embargo, es el azar quien marca el punto de inflexión enfrentando a la artista ante una tanza “muy finita para tejer" que por algún motivo no pasa al descarte. ¡Eureka! El encuentro fortuito despierta una llama creativa impensada: "el tejido se volvía auto portante al tensar el hilo y al alternar diferentes tensiones podía modelar formas ilimitadamente. Todos los días buscaba silencio de palabras y de pensamientos, me sentaba por horas a tejer para luego descubrir la forma que surgía. Formas abiertas, anudadas, unas dentro de otras, algunas veces piezas densas, otras veces más sólidas", dice la artista.  Partiendo de cierta asociación libre y conexiones invisibles, las piezas comenzaron a conformar un colectivo con intenciones y finalidades comunes. La instalación Construcciones afectivas -exhibida en el Centro Cultural Nordeste de la ciudad de Resistencia- despliega una cinta de Moebius de 12 filamentos y 10 metros la cual toma toda la sala integrando, al mismo tiempo, otras formas de menor escala vinculadas entre ellas gracias a los hilos blancos estratégicamente distribuidos en todas las direcciones. La social empieza a florecer con una impronta definida, pasando rápidamente a incorporar la mirada y la acción del espectador quien se transforma en co-autor del proceso y resultado final. Y esto no es tan sencillo como aparenta serlo porque para que la interacción suceda, una parte del ego creativo y el punto de vista unilateral del artista, debe ceder el paso -en ese caso voluntariamente- a la intervención concreta del otro.

 

Otro punto bisagra está marcado por la presencia de lo efímero. En determinado momento son las proyecciones en las paredes, los grabados negros por contraste, quienes toman la posta: las sombras de los hilos blancos se convierten en la obra per se. Es en 2014 cuando aparecen estos tejidos en ganchillo que luego son tensados sobre estructuras de acero inoxidable conformando una urdimbre como soporte del bordado. Lo cuasi imperceptible a la vista se manifiesta en todo su esplendor y se expande en un espacio infinito. Todo duerme se vale de esta estructura y desplaza la mirada de Fabiana hacia su interior para dialogar con la soledad. Son entonces esos momentos de "la siesta" cuando aparecen los dibujos con hilos de coser sobre esa malla que capturaba las impresiones de la escena que la rodeaba: un taller vacío, solitario y casi inmutable visto a través de las siestas de chaqueñas.  

 

Desde mediados de 2016 hasta principios de 2018 su obra se enfoca en un proyecto comunitario en Puerto Tiro. En El mensaje en la botella, las fotografías tomadas por un amigo de la artista evidencian un paisaje plagado de botellas tiradas al rio, panorama que despierta en Fabiana la curiosidad por conocer su origen, pero, sobre todo, su destino final aparentemente truncado.  El cambio que estas botellas generaban en el entorno natural y la falta de información para rastrear las causas de estas “apariciones”, deriva en una acción colectiva con los habitantes de la zona quienes recolectaron durante un año, "botellas y deseos" -al decir de la artista- para luego hacer una intervención en la entrada del pueblo. Una verdadera fiesta colectiva que luego el avatar del tiempo se ocuparía de ir haciendo desaparecer sin por eso negar su paso o borrar definitivamente su impacto en el terreno y en el inconsciente colectivo de la gente que se involucró activamente. Fue esta experiencia quizás una de las más significativas en la carrera de la artista hasta el presente.

 

Oriunda de Puerto Tirol (Chaco), formada como profesora de grabado y dibujo, Fabiana Larra trabaja conectando su obra con el desarrollo de acciones de integración social y gestión que exceden cualquier detalle curricular que yo pueda exponer aquí al respecto; no es ese el objetivo sino acercarnos a un proceso de trabajo producto de la pasión combinada con el oficio. Los hilos en todas sus formas, los alambres, las fibras vegetales, el plástico industrial, la tela, todo lo plausible de ser tejido es bienvenido en el espectro creativo de Fabiana, aunque son aquellos materiales más cercanos a su entorno los que tienen prioridad como “seres de confianza”, parafraseando a Heidegger. Y la paleta monocromática, aquella que integra las distintas voces, la que unifica las diferencias y establece cierta “neutralidad” donde cada hilo se convierte en parte fundante del todo. Hoy por hoy, son los alambres oxidados y los hilos negros los que impulsan una investigación que parte de la mirada puesta en un lado oscuro que todos tenemos: enfrentar los miedos que nos habitan y atacan nuestro cuerpo. Pero hasta aquí llegamos y el camino detiene las migas que nos incitan a seguir avanzando con certeza porque este camino se está gestando y será entonces la obra quien dicte cuándo es el momento de dar con la “luz, mostrarse y permitirnos seguir avanzando.

 

Me gustaría cerrar esta aproximación y mirada personal sobre la obra de Fabiana Larrea, citando sus propias palabras luego de reflexionar, ella misma, sobre su trabajo: "Intento ver la forma que adoptan las relaciones con los otros, con lo que nos rodea, con nuestra historia y con nosotros mismos. Intento, a través de mi obra, conocer, propiciar, construir y proteger los vínculos. Creo que, en el fondo, todo mi trabajo tiene que ver con el amor”. Amén.

Lic. María Carolina Baulo, 2018

 

 

Frágil

 

Fabiana Larrea presenta obras que forman parte de su serie Intentos (para decidir que debe estar en la mente). Es una serie de tejidos aéreos parientes de la telaraña, aunque infinitamente más complejos, con una técnica personal que puede emparentarse con el ñandutí o el crochet, y sobre todas las cosas a sus recuerdos de infancia. Nuestra artista trabaja como una Aracné contemporánea, sus tejidos se abren en el espacio con formas complejas y tramas irregulares; uno puede imaginarse que en algún momento cada tejido fue un carrete de hilo con las hebras prolijamente enrolladas y de pronto, como un minúsculo big bang, estalló la forma. Cuando se iluminan, apenas proyectan sombra, tal la sutileza de su existencia. En ese despliegue de forma hay más vacío que materia, algo poco frecuente en el arte contemporáneo más adepto a la acumulación de objetos que a su eliminación. Los hilos blancos de coser se abren al espacio como si en vez de atrapar una presa –como lo hace la araña- quisieran contener eso que se escurre a cada instante, esa sucesión de momentos que constituyen la vida.

  Julio Sanchez, 2015

 

 

Lo domestico institucionalizado

 

Fabiana Larrea, en ese estar de dulce hogar, no para de tejer; y aunque tejer es al parecer un quehacer doméstico e inofensivo, se trasforma secretamente en una suerte de arácnido suspendido que con paciencia y dedicación construye un universo estético que ignora el pensamiento que lo precede. Allí la subjetividad y el cuerpo son un flujo de información en constante proceso de constitución. En ese creativo proceso el espectador, con fascinación, queda atrapado en su misteriosa y escondida vuelta de aguja. Tampoco se está seguro de lo que se ve o esconde esa impecable paciencia, la paciencia de lo cotidiano; como si nadie pudiera advertir lo que sucederá mientras está sucediendo. No hay color y no hay sonido. Su existencia pende, por momentos, de pequeños puntos. Silencio meditativo, una caligrafía en el tiempo que lo marca y lo conquista.

Daniel Fischer, 2013